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estar mal está bien

La vida no siempre va como nos gustaría. A menudo nos sentimos decepcionados, frustrados, tristes, abatidos, traicionados, atascados, enfadados, con miedo, indecisos, ansiosos, etc.

 

¡Perfecto! Eso es totalmente normal. Permítete sentir todas esas cosas. Sólo son señal de que eres humano y tienes emociones.

 

No tienes que rechazar las emociones o sensaciones desagradables. Es un error creer que has de estar siempre contento y evitando las (mal llamadas) emociones "negativas". Todas son necesarias y útiles. Lo que hay que aprender es a identificarlas y a gestionarlas para que no te "posean" y desencadenen sufrimiento

 

Sólo si ves que es demasiado habitual el sentirte mal, y que no encuentras la manera de salir de ese estado de ánimo, pide ayuda.

 

 

 

recuperando el control

La forma que tenemos de percibir el entorno es la responsable de cómo actuamos y nos sentimos en él.

 

Si creo que alguien me odia, me pondré en guardia cada vez que vea a esa persona, y actuaré de una manera muy distinta a si creo que le caigo bien (donde muy probablemente me relaje, le sonría, etc.). Mi forma de actuar SÓLO depende de lo que yo crea sobre aquello que tengo ante mí. No es el entorno el que nos condiciona, es nuestra percepción de él.

 

A veces se nos olvida que el poder es nuestro. Tú tienes el poder absoluto sobre ti. Cada uno es responsable y dueño absoluto de sus emociones. Saberlo es el primer paso para recuperar tu poder.

 

Cuando te enfocas en aquello que verdaderamente controlas, tienes el éxito asegurado. Cuando quieres controlar aquello que no depende de ti, estás condenado al fracaso. Tú eliges y, si quieres, yo te ayudo.

 

cuando el vaso se rompe

Ocurren cosas en la vida que directamente hacen que se rompa el vaso... o la vajilla completa. 

 

Sencillamente son demasiado grandes o duras para resolverlas solo. Duelen demasiado o bloquean de tal forma que te dejan sin energía para salir adelante.

 

Lo más importante en estos casos es hablar, soltarlo, llorar, gritar, compartir lo que sientes con quien puedas, lo antes posible. No lo guardes para ti. No lo vivas tú solo. Si no tienes a nadie a mano, habla en voz alta solo, o escríbelo. Expresa lo que sientes de la manera que puedas. Así minimizarás el daño.

 

Si todavía sientes que eso te pesa o te impide vivir tu vida, pide ayuda profesional. No permitas que se enquiste y te haga más daño del necesario.

 

 

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